Introduccion

BOEDO, una atalaya entre los valles de Veiga y Loureda


El lugar de Boedo pertenece a la parroquia de San Silvestre de Veiga y se halla situado en un bello paisaje geográfico: Un vado en la elevada colina que separa y con vistas a los fértiles valles de Veiga y Loureda. Allí nace el río Veiga que riega y fertiliza las parroquias de Veiga, Ledoño, Celas de Peiro, Sésamo, Sueiro y Sigrás y une sus aguas al Mero en la Telva. Hacia el Poniente corren las aguas que riegan el valle de Loureda con su antigua iglesia románica y el precioso retablo de Ferreiro y van por el cauce del Seixedo a los bravíos mares de Sabón.


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En el año 1607 Jerónimo del Hoyo describe la feligresía de Veiga de esta manera:

“San Silvestre de Veiga (Anexo de Soeiro) Hay en esta feligresía 33 feligreses. Los frutos se hacen cuatro partes: la una y un desmero lleva el rector y las tres el Conde de Altamira. Presentación del Conde de Lemos…”

Carré Aldao dice que Veiga “extiéndese en el dilatado valle de su nombre…Tiene una amplitud de 5 Km. de largo por 4 de anchura… Son sus moradores 493 habitantes. Sus aldeas se denominan Boedo, Bregua, Cabana, Peiro de Embaixo, Esfarrapa y Lamela…”

En Luces y Sombras del Arte en As Mariñas dos Frades consta que esta parroquia perteneció a la de Sueiro hasta finales del siglo XIX y desde entonces es filial de S. Pedro de Ledoño y que así se explica que su iglesia parroquial se halle muy desplazada y próxima a Sueiro.

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Hay que hacer constar que en Veiga y en Ledoño existen obras de arte realizadas en los años 70 del siglo XIX por Isidoro Brocos, que fue profesor de Picasso y que también hizo las imágenes hoy existentes en la iglesia castrense de S. Andrés de la Coruña. Me refiero a las tallas de S. Pedro en Ledoño y las de S. Silvestre y S. Blas en Veiga. Resulta increíble que Veiga tenga su iglesia en un extremo, a 4 Km. de distancia de Boedo y muy cerca de la iglesia de Ledoño.



Boedo en la actualidad


Las referencias vecinales – ningún oleiro fala mal das súas olas – son de que BOEDO es el lugar mayor de toda la parroquia, tiene las casas mas típicas de toda la zona y conserva vestigios de su pasado en edificaciones tradicionales y costumbres…Y debe ser verdad porque, según el Censo de 1996, de los 378 habitantes que tiene la parroquia 124 viven en Boedo, 52 en Bregua, 66 en Cabana, 11 en Esfarrapa, 26 en Lamelas y 99 en Peiro de Abaixo. El lugar de Regocheo está muy cerca de Boedo pero ya pertenece a Loureda.


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En Boedo son típicas las casas de labranza con sus dependencias y sus magnas chimeneas con aspectos muy similares a los de las zonas rurales de Arteixo y Laracha, pués al hallarse Boedo en zona límite y al relacionarse sus gentes en ferias y fiestas con los de Bergantiños, hay intercambios culturales. Es una pena que este bello conjunto rural se vaya deteriorando y perdiendo definitivamente. La cultura rural de Galicia esta desapareciendo y muchas zonas quedan despobladas.

Boedo sufrió una gran transformación con en el paso de la vía férrea del ferrocarril Coruña-Santiago-Zamora, que atravesó el lugar por entre las casas, dividiéndolo en dos mitades. Esta vía se comenzó en 1927 con el Gobierno de Primo de Rivera y se remató en el año 1943, dieciséis años después de su comienzo. La inauguración de las obras del ferrocarril Francisco Franco: “El 14 de abril de 1943 constituyó una jornada transcendental para Galicia en general y para La Coruña en particular, pues tuvo lugar la inauguración del ferrocarril Coruña-Santiago (Glez.Catoira)”.

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En la cercana aldea de Bregua, también de Veiga, se construyó una estación, obra que todavía hoy llama la atención por su admirable arquitectura. Durante la II República, la de Azaña y el coruñés Casaritos, no se continuaron las obras, paralizadas de Dictadura a Dictadura.

Aunque Boedo forma un conjunto aldeano, sin embargo tiene núcleos algo dispersos; tales son A Barreira, A Aldea, O Seixo, A Abelleira y O Lugar de Abaixo.




Capilla de S. Roque de Boedo


Entre las casas de Boedo y unida a una hermosa casa lugareña se hallaba una Capilla, dedicada a San Roque de Montpellier, que debía ser propiedad particular y no de la parroquia, ya que no aparecen documentos de ninguna clase sobre este inmueble ni tampoco sobre los actos religiosos que allí se realizaban. Esta Capilla fue expropiada y derribada cuando se trazó la vía férrea en el año 1927. De esta Capilla sólo hay constancia oral de que perteneció a Jacinto Rumbo Suárez y luego pasó, juntamente con la casa aneja, a la Familia Ramallal, que posteriormente la enajenó. Estas referencias son de vecinos de Boedo, los de mayor edad y nacidos en Boedo todavía recuerdan las fiestas de S. Roque y otras celebraciones habidas en la referida Capilla en los años lejanos de su infancia, después de 70 años desaparecida la Capilla.

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Las imágenes de la Capilla conservadas actualmente, aparte de S. Roque que está en la iglesia de Veiga, son el grupo de las tres tallas de S. Joaquín, Sta. Ana y la niña María, además de la imagen del papa S. Silvestre.

La imagen de San Silvestre en esta Capilla de Boedo indica la devoción del pueblo hacia el Patrón de su parroquia. San Silvestre fue Papa en el siglo IV, gobernó la Iglesia en una larga etapa cuando regía el Imperio Romano el Emperador Constantino el Grande y convocó el primer Concilio ecuménico en Nicea, que presidió el español Osio de Córdoba. En la imagen de Boedo aparece S. Silvestre vestido de pontifical, con tiara de tres coronas, capa pluvial y en actitud de bendecir. Le falta el báculo que portaba en su mano izquierda. La talla de madera es de canon muy alargado y, dado su estatismo y limpieza ornamental, se puede calificar de estilo Neoclásico y realizada a comienzos del siglo XIX.

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El grupo escultórico formado por la Virgen niña y sus padres, S. Joaquín y Sta. Ana, debieron tener una misma peana con la niña en el centro, Sta. Ana a su derecha y S. Joaquín a la izquierda. Los artistas asimilaron siempre el grupo de esta familia de la niña María con la del Niño Jesús entre José y María…

La niña María lleva un cesto en su mano derecha. También falta el cayado o báculo que S. Joaquín portaba en su mano izquierda. El estilo de las tres tallas es barroco, que se manifiesta en la ampulosidad y movimiento de los ropajes talares de los tres y sobre todo en los mantos y túnicas de Ana y Joaquín y también en la expresiva psicología de los rostros.



En Galicia hubo ya a partir de la Edad Media mucha devoción popular a los Santos Joaquín y Ana, padres de la Virgen María, devoción que se demostró en la abundancia de imágenes en las iglesias, de los muchos santuarios a ellos dedicados y también en las muchas personas que llevan los bellos nombres de Joaquín y Ana.

Sirva este pequeño reportaje para animar a nuestras gentes y gobernantes a que conserven sus antigüedades, sus obras de arte, sus pueblos tradicionales y también sus costumbres ancestrales. La cultura de nuestro pueblo no debe perderse.





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